sábado, 7 de agosto de 2010
Guy Le Gaufey - El sujeto según Lacan - Extracto
Clik en el título para acceder al extracto publicado en Página 12 de esta semana, del libro El Sujeto según Lacan de editorial Cuenco de plata.
jueves, 22 de abril de 2010
SIMONE WEIL HABLA DE “LA CONDICION OBRERA” El horror del trabajo
Cliqueando el título puede acceder Fragmento de “Condición primera de un trabajo no servil”, publicado originalmente en 1942 e incluido en La condición obrera, recientemente publicado en la Argentina (Ed. El Cuenco de Plata). El libro se vincula con la experiencia de trabajo de la autora en las fábricas Alsthom y Renault, entre 1934 y 1935.
Apareció en Página 12
Apareció en Página 12
sábado, 17 de abril de 2010
ALUMNOS QUE INTERPELAN A LA INSTITUCION ESCOLAR
Les recomiendo la lectura del artículo aparecido en Página / 12
Se puede ver el uso del notodo de Lacan en el artículo y a propósito de algo que se comentó en clase. Me parece oportuno mostrárselos
"Los niños que no logran adaptarse o incluirse a la dinámica de la institución escolar reciben el diagnóstico de ADD (“desorden por déficit de atención”). Aquello que en otras épocas solía denominarse como fracaso escolar, problemas de aprendizaje o los clásicos problemas de conducta, hoy queda incluido en una sola expresión, que concierne sólo al niño y lo determina en su ser: “Es un ADD”. Nuestro equipo encuentra chicos que vienen medicados desde los tres años. Saben que deben tomar su pastillita de lunes a viernes para portarse bien en la escuela."
Cliquee el título para acceder al artículo.
Jorge Alonso
Se puede ver el uso del notodo de Lacan en el artículo y a propósito de algo que se comentó en clase. Me parece oportuno mostrárselos
"Los niños que no logran adaptarse o incluirse a la dinámica de la institución escolar reciben el diagnóstico de ADD (“desorden por déficit de atención”). Aquello que en otras épocas solía denominarse como fracaso escolar, problemas de aprendizaje o los clásicos problemas de conducta, hoy queda incluido en una sola expresión, que concierne sólo al niño y lo determina en su ser: “Es un ADD”. Nuestro equipo encuentra chicos que vienen medicados desde los tres años. Saben que deben tomar su pastillita de lunes a viernes para portarse bien en la escuela."
Cliquee el título para acceder al artículo.
Jorge Alonso
sábado, 20 de marzo de 2010
Trabajo práctico Nro.3
Realizar la lectura del fragmento del texto de Freud, Análisis terminable e interminable, del resumen del curso Los Anormales de Foucault y el fragmento del libro el notodo de Lacan de Guy Le Gaufey.
Establecer una articulación a partir de los conceptos de Profesiones imposibles, la anormalidad, y la lógica de la particular máxima.
Analizar desde esta perspectiva lo visto en el conductismo y el constructivismo
Realizar una valoración propia.
Establecer una articulación a partir de los conceptos de Profesiones imposibles, la anormalidad, y la lógica de la particular máxima.
Analizar desde esta perspectiva lo visto en el conductismo y el constructivismo
Realizar una valoración propia.
Análisis terminable e interminable
Sigmund Freud
Análisis terminable e interminable
Tomo XXIII
Amorrortu Editores
Página 248 251
VII
Una conferencia de rico contenido, pronunciada por S. Ferenczi en 1927, «El problema de la
terminación de los análisis(228)», concluy e con esta consoladora seguridad: « ... el análisis no
es un proceso sin término, sino que puede ser llevado a un cierre natural si el analista tiene la
pericia y paciencia debidas». Opino que ese trabajo equivale más bien a una advertencia de no
poner como meta del análisis su abreviación, sino su profundización. Ferenczi añade todavía la
valiosa puntualización de que es igualmente decisivo para el éxito que el analista haya aprendido
bastante de sus propios «yerros y errores», y cobrado imperio sobre los «puntos débiles de su
propia personalidad». Esto proporciona un importante complemento para nuestro tema. No sólo
la complexión yoica del paciente: también la peculiaridad del analista demanda su lugar entre los
factores que influyen sobre las perspectivas de la cura analítica y dificultan esta tal como lo
hacen las resistencias.
Es indiscutible que los psicoanalistas no han alcanzado por entero en su propia personalidad la
medida de normalidad psíquica en que pretenden educar a sus pacientes. Opositores del
análisis suelen señalar en son de burla ese hecho y emplearlo como argumento para demostrar
la inutilidad del empeño analítico. Uno podría rechazar esta crítica como reclamo ilegítimo. Los
analistas son personas que han aprendido a ejercer un arte determinado y, junto a ello, tienen
derecho a ser hombres como los demás. En otro orden, nadie afirma que un individuo es inepto
como médico para enfermedades internas si sus propios órganos internos no están sanos; al
contrario, se puede hallar cierta ventaja en que alguien amenazado de tuberculosis se
especialice en el tratamiento de tuberculosos. Sin embargo, no son iguales los casos. Al
médico enfermo de los pulmones o del corazón, siempre que haya conservado la capacidad de
trabajar, su condición de enfermo no lo estorbará en el diagnóstico ni en la terapia de las
afecciones internas, mientras que el analista, a consecuencia de las particulares condiciones
del trabajo analítico, será efectivamente estorbado por sus propios defectos para asir de
manera correcta las constelaciones del paciente y reaccionar ante ellas con arreglo a fines. Por
tanto, tiene su buen sentido que al analista se le exija, como parte de su prueba de aptitud, una
medida más alta de normalidad y de corrección anímicas; y a esto se suma que necesita de
alguna superioridad para servir al paciente como modelo en ciertas situaciones analíticas, y
como maestro en otras. Por último, no se olvide que el vínculo analítico se funda en el amor por
la verdad, es decir, en el reconocimiento de la realidad objetiva, y excluye toda ilusión y todo
engaño.
Detengámonos un momento para asegurar al analista nuestra simpatía sincera por tener que
cumplir él con tan difíciles requisitos en el ejercicio de su actividad. Y hasta pareciera que
analizar sería la tercera de aquellas profesiones «imposibles» en que se puede dar
anticipadamente por cierta la insuficiencia del resultado. Las otras dos, ya de antiguo
consabidas, son el educar y el gobernar (ver nota(229)). No puede pedirse, es evidente, que el
futuro analista sea un hombre perfecto antes de empeñarse en el análisis, esto es, que sólo
abracen esa profesión personas de tan alto y tan raro acabamiento. Entonces, ¿dónde y cómo
adquiriría el pobre diablo aquella aptitud ideal que le hace falta en su profesión? La respuesta
rezará: en el análisis propio, con el que comienza su preparación para su actividad futura. Por
razones prácticas, aquel sólo puede ser breve e incompleto; su fin principal es posibilitar que el
didacta juzgue si se puede admitir al candidato para su ulterior formación. Cumple su cometido
si instila en el aprendiz la firme convicción en la existencia de lo inconciente, le proporciona las
de otro modo increíbles percepciones de sí a raíz de la emergencia de lo reprimido, y le enseña,
en una primera muestra, la técnica únicamente acreditada en la actividad analítica. Esto por sí
solo no bastaría como instrucción, pero se cuenta con que las incitaciones recibidas en el
análisis propio no han de finalizar una vez cesado aquel, con que los procesos de la
recomposición del yo continuarán de manera espontánea en el analizado y todas las ulteriores
experiencias serán aprovechadas en el sentido que se acaba de adquirir. Ello en efecto
acontece, y en la medida en que acontece otorga al analizado aptitud de analista.
Es lamentable que además de ello acontezca otra cosa todavía. Cuando quiere describirlo, uno
sólo puede basarse en ciertas impresiones. Hostilidad por un lado, partidismo por el otro, crean
una atmósfera que no es favorable a la exploración objetiva. Parece, pues, que numerosos
analistas han aprendido a aplicar unos mecanismos de defensa que les permiten desviar de la
persona propia ciertas consecuencias y exigencias del análisis, probablemente dirigiéndolas a
otros, de suerte que ellos mismos siguen siendo como son y pueden sustraerse del influjo
crítico y rectificador de aquel. Acaso este hecho da razón al poeta cuando nos advierte que, si a
un hombre se le confiere poder, difícil le resultará no abusar de ese poder (ver nota(230)).
Entretanto, a quien se empeña en entender esto se le impone la desagradable analogía con el
efecto de los rayos X cuando se los maneja sin particulares precauciones. No sería asombroso
que el hecho de ocuparse constantemente de todo lo reprimido que en el alma humana pugna
por libertarse conmoviera y despertara también en el analista todas aquellas exigencias
pulsionales que de ordinario él es capaz de mantener en la sofocación. También estos son
«peligros del análisis», que por cierto no amenazan al copartícipe pasivo, sino al copartícipe
activo de la situación analítica, y no se debería dejar de salirles al paso. En cuanto al modo, no
pueden caber dudas. Todo analista debería hacerse de nuevo objeto de análisis periódicamente,
quizá cada cinco años, sin avergonzarse por dar ese paso. Ello significaría, entonces, que el
análisis propio también, y no sólo el análisis terapéutico de enfermos, se convertiría de una
tarea terminable {finita} en una interminable {infinita}.
No obstante, es tiempo de aventar aquí un malentendido. No tengo el propósito de aseverar que
el análisis como tal sea un trabajo sin conclusión. Comoquiera que uno se formule esta
cuestión en la teoría, la terminación de un análisis es, opino yo, un asunto práctico. Todo
analista experimentado podrá recordar una serie de casos en que se despidió del paciente para
siempre «rebus bene gestis(231)». Mucho menos se distancia la práctica de la teoría en casos
del llamado «análisis del carácter». Aquí no se podrá prever fácilmente un término natural, por
más que uno evite expectativas exageradas y no pida del análisis unas tareas extremas. Uno no
se propondrá como meta limitar todas las peculiaridades humanas en favor de una normalidad
esquemática, ni demandará que los «analizados a fondo» no registren pasiones ni puedan
desarrollar conflictos internos de ninguna índole. El análisis debe crear las condiciones
psicológicas más favorables para las funciones del yo; con ello quedaría tramitada su tarea.
Análisis terminable e interminable
Tomo XXIII
Amorrortu Editores
Página 248 251
VII
Una conferencia de rico contenido, pronunciada por S. Ferenczi en 1927, «El problema de la
terminación de los análisis(228)», concluy e con esta consoladora seguridad: « ... el análisis no
es un proceso sin término, sino que puede ser llevado a un cierre natural si el analista tiene la
pericia y paciencia debidas». Opino que ese trabajo equivale más bien a una advertencia de no
poner como meta del análisis su abreviación, sino su profundización. Ferenczi añade todavía la
valiosa puntualización de que es igualmente decisivo para el éxito que el analista haya aprendido
bastante de sus propios «yerros y errores», y cobrado imperio sobre los «puntos débiles de su
propia personalidad». Esto proporciona un importante complemento para nuestro tema. No sólo
la complexión yoica del paciente: también la peculiaridad del analista demanda su lugar entre los
factores que influyen sobre las perspectivas de la cura analítica y dificultan esta tal como lo
hacen las resistencias.
Es indiscutible que los psicoanalistas no han alcanzado por entero en su propia personalidad la
medida de normalidad psíquica en que pretenden educar a sus pacientes. Opositores del
análisis suelen señalar en son de burla ese hecho y emplearlo como argumento para demostrar
la inutilidad del empeño analítico. Uno podría rechazar esta crítica como reclamo ilegítimo. Los
analistas son personas que han aprendido a ejercer un arte determinado y, junto a ello, tienen
derecho a ser hombres como los demás. En otro orden, nadie afirma que un individuo es inepto
como médico para enfermedades internas si sus propios órganos internos no están sanos; al
contrario, se puede hallar cierta ventaja en que alguien amenazado de tuberculosis se
especialice en el tratamiento de tuberculosos. Sin embargo, no son iguales los casos. Al
médico enfermo de los pulmones o del corazón, siempre que haya conservado la capacidad de
trabajar, su condición de enfermo no lo estorbará en el diagnóstico ni en la terapia de las
afecciones internas, mientras que el analista, a consecuencia de las particulares condiciones
del trabajo analítico, será efectivamente estorbado por sus propios defectos para asir de
manera correcta las constelaciones del paciente y reaccionar ante ellas con arreglo a fines. Por
tanto, tiene su buen sentido que al analista se le exija, como parte de su prueba de aptitud, una
medida más alta de normalidad y de corrección anímicas; y a esto se suma que necesita de
alguna superioridad para servir al paciente como modelo en ciertas situaciones analíticas, y
como maestro en otras. Por último, no se olvide que el vínculo analítico se funda en el amor por
la verdad, es decir, en el reconocimiento de la realidad objetiva, y excluye toda ilusión y todo
engaño.
Detengámonos un momento para asegurar al analista nuestra simpatía sincera por tener que
cumplir él con tan difíciles requisitos en el ejercicio de su actividad. Y hasta pareciera que
analizar sería la tercera de aquellas profesiones «imposibles» en que se puede dar
anticipadamente por cierta la insuficiencia del resultado. Las otras dos, ya de antiguo
consabidas, son el educar y el gobernar (ver nota(229)). No puede pedirse, es evidente, que el
futuro analista sea un hombre perfecto antes de empeñarse en el análisis, esto es, que sólo
abracen esa profesión personas de tan alto y tan raro acabamiento. Entonces, ¿dónde y cómo
adquiriría el pobre diablo aquella aptitud ideal que le hace falta en su profesión? La respuesta
rezará: en el análisis propio, con el que comienza su preparación para su actividad futura. Por
razones prácticas, aquel sólo puede ser breve e incompleto; su fin principal es posibilitar que el
didacta juzgue si se puede admitir al candidato para su ulterior formación. Cumple su cometido
si instila en el aprendiz la firme convicción en la existencia de lo inconciente, le proporciona las
de otro modo increíbles percepciones de sí a raíz de la emergencia de lo reprimido, y le enseña,
en una primera muestra, la técnica únicamente acreditada en la actividad analítica. Esto por sí
solo no bastaría como instrucción, pero se cuenta con que las incitaciones recibidas en el
análisis propio no han de finalizar una vez cesado aquel, con que los procesos de la
recomposición del yo continuarán de manera espontánea en el analizado y todas las ulteriores
experiencias serán aprovechadas en el sentido que se acaba de adquirir. Ello en efecto
acontece, y en la medida en que acontece otorga al analizado aptitud de analista.
Es lamentable que además de ello acontezca otra cosa todavía. Cuando quiere describirlo, uno
sólo puede basarse en ciertas impresiones. Hostilidad por un lado, partidismo por el otro, crean
una atmósfera que no es favorable a la exploración objetiva. Parece, pues, que numerosos
analistas han aprendido a aplicar unos mecanismos de defensa que les permiten desviar de la
persona propia ciertas consecuencias y exigencias del análisis, probablemente dirigiéndolas a
otros, de suerte que ellos mismos siguen siendo como son y pueden sustraerse del influjo
crítico y rectificador de aquel. Acaso este hecho da razón al poeta cuando nos advierte que, si a
un hombre se le confiere poder, difícil le resultará no abusar de ese poder (ver nota(230)).
Entretanto, a quien se empeña en entender esto se le impone la desagradable analogía con el
efecto de los rayos X cuando se los maneja sin particulares precauciones. No sería asombroso
que el hecho de ocuparse constantemente de todo lo reprimido que en el alma humana pugna
por libertarse conmoviera y despertara también en el analista todas aquellas exigencias
pulsionales que de ordinario él es capaz de mantener en la sofocación. También estos son
«peligros del análisis», que por cierto no amenazan al copartícipe pasivo, sino al copartícipe
activo de la situación analítica, y no se debería dejar de salirles al paso. En cuanto al modo, no
pueden caber dudas. Todo analista debería hacerse de nuevo objeto de análisis periódicamente,
quizá cada cinco años, sin avergonzarse por dar ese paso. Ello significaría, entonces, que el
análisis propio también, y no sólo el análisis terapéutico de enfermos, se convertiría de una
tarea terminable {finita} en una interminable {infinita}.
No obstante, es tiempo de aventar aquí un malentendido. No tengo el propósito de aseverar que
el análisis como tal sea un trabajo sin conclusión. Comoquiera que uno se formule esta
cuestión en la teoría, la terminación de un análisis es, opino yo, un asunto práctico. Todo
analista experimentado podrá recordar una serie de casos en que se despidió del paciente para
siempre «rebus bene gestis(231)». Mucho menos se distancia la práctica de la teoría en casos
del llamado «análisis del carácter». Aquí no se podrá prever fácilmente un término natural, por
más que uno evite expectativas exageradas y no pida del análisis unas tareas extremas. Uno no
se propondrá como meta limitar todas las peculiaridades humanas en favor de una normalidad
esquemática, ni demandará que los «analizados a fondo» no registren pasiones ni puedan
desarrollar conflictos internos de ninguna índole. El análisis debe crear las condiciones
psicológicas más favorables para las funciones del yo; con ello quedaría tramitada su tarea.
Breve referencia de los anormales de Foucault
Michel Foucault
Los anormales
Curso en el Collage de France
1974 y 1975
Fondo de cultura económica
Quinta reimpresión. Buenos Aires 2008.
El individuo anormal, que desde fines del siglo XIX toman en cuenta tantas instituciones, discursos y saberes, deriva de la excepción jurídico natural del monstruo, la multitud de los incorregibles atrapados en los aparatos de rectificación y el universal secreto de las sexualidades infantiles.
Serán estudiados por la teratología la embriología, la psicofísiología y la teoría de la sexualidad
Se organizarán instituciones para la recepción de los anormales e instrumentos para la defensa de la sociedad.
El monstruo humano (hasta XVII)
Acerca de las leyes de la naturaleza y de la sociedad
Excepción de la naturaleza
Infracción al derecho
prohibición
El individuo a corregir (XVIII)
Proviene de las técnicas de domesticación y sus exigencias
Incorregible aparece junto a la introducción de las técnicas de disciplina
Ejército, escuela, talleres, familias
Los nuevos procedimientos de domesticación del cuerpo, del comportamiento y de las aptitudes inauguran el problema de quienes escapan a esta normatividad que ya no es la soberanía de la ley
Rectificación
El onanista
En correlación con las nuevas relaciones entre la sexualidad y la organización familiar.
La nueva posición posición de la niñez en la familia
El control tradicional de las relaciones prohibidas (adulterios, incestos, sodomía, bestialismo) se duplicó con el control de la carne en los movimientos elementales de la concupiscencia.
Un proceso de represión vinculado con las nuevas exigencias de la industrialización: el cuerpo productivo contra el cuerpo de placer.
Si el niño hace abuso se dirige la acusación a los padres que no controlan
Imperativo de una nueva relación padres hijos y una nueva economía de las relaciones intrafamiliares: solidifcación e intensificación de las relaciones padre madre hijos( a expensa de las múltiples relaciones de la casa extensa)
Inversión del sistema de obligaciones familiares (responsabilidad moral y médica)
Aparición del principio de salud como ley fundamental de los lazos familiares.
Organización de un vínculo físico inmediato, de un cuerpo a cuerpo donde se anudan deseo y poder, y control y conocimiento médico externo para arbitrar y regular la vigilancia y elcuerpo frágil, irritable y exitable de los niños
Los anormales
Curso en el Collage de France
1974 y 1975
Fondo de cultura económica
Quinta reimpresión. Buenos Aires 2008.
El individuo anormal, que desde fines del siglo XIX toman en cuenta tantas instituciones, discursos y saberes, deriva de la excepción jurídico natural del monstruo, la multitud de los incorregibles atrapados en los aparatos de rectificación y el universal secreto de las sexualidades infantiles.
Serán estudiados por la teratología la embriología, la psicofísiología y la teoría de la sexualidad
Se organizarán instituciones para la recepción de los anormales e instrumentos para la defensa de la sociedad.
El monstruo humano (hasta XVII)
Acerca de las leyes de la naturaleza y de la sociedad
Excepción de la naturaleza
Infracción al derecho
prohibición
El individuo a corregir (XVIII)
Proviene de las técnicas de domesticación y sus exigencias
Incorregible aparece junto a la introducción de las técnicas de disciplina
Ejército, escuela, talleres, familias
Los nuevos procedimientos de domesticación del cuerpo, del comportamiento y de las aptitudes inauguran el problema de quienes escapan a esta normatividad que ya no es la soberanía de la ley
Rectificación
El onanista
En correlación con las nuevas relaciones entre la sexualidad y la organización familiar.
La nueva posición posición de la niñez en la familia
El control tradicional de las relaciones prohibidas (adulterios, incestos, sodomía, bestialismo) se duplicó con el control de la carne en los movimientos elementales de la concupiscencia.
Un proceso de represión vinculado con las nuevas exigencias de la industrialización: el cuerpo productivo contra el cuerpo de placer.
Si el niño hace abuso se dirige la acusación a los padres que no controlan
Imperativo de una nueva relación padres hijos y una nueva economía de las relaciones intrafamiliares: solidifcación e intensificación de las relaciones padre madre hijos( a expensa de las múltiples relaciones de la casa extensa)
Inversión del sistema de obligaciones familiares (responsabilidad moral y médica)
Aparición del principio de salud como ley fundamental de los lazos familiares.
Organización de un vínculo físico inmediato, de un cuerpo a cuerpo donde se anudan deseo y poder, y control y conocimiento médico externo para arbitrar y regular la vigilancia y elcuerpo frágil, irritable y exitable de los niños
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